En la primavera de 2007, el Consejo Europeo pidió a los Estados miembros y a las
instituciones de la UE que siguieran actuando para desarrollar una política climática y energética europea sostenible e integrada.
El Consejo entre otras cosas declaró:«Habida cuenta de que la producción y la utilización de energía son las fuentes principales de emisión de gases de efecto invernadero, para lograr este objetivo se requiere un enfoque integrado de las políticas en el ámbito climático y energético.
La integración debe llevarse a cabo de forma que ambas políticas se potencien recíprocamente. Así pues, la Política Energética para Europa perseguirá los tres objetivos siguientes, respetando plenamente la opción tomada por los Estados miembros en relación con la combinación energética y la soberanía sobre las fuentes de energía primaria, y sobre la base de un espíritu de solidaridad entre los Estados miembros:
- aumentar la seguridad de abastecimiento;
- garantizar la competitividad de las economías europeas y la disponibilidad de una energía asequible;
- promover la sostenibilidad ambiental y luchar contra el cambio climático.
El Consejo Europeo adoptó un Plan de Acción global en el ámbito de la energía para el período 2007-2009, lo que marcó un hito importante en la creación de esta Política Energética para Europa, e invitó en particular a la Comisión a presentar lo más rápidamente posible las propuestas en él contempladas, una de las cuales se refiere a la revisión de las Directrices Comunitarias sobre Ayudas Estatales en Favor del Medio Ambiente.
En nombre de la UE, el Consejo Europeo se comprometió, de forma firme e independiente, a alcanzar una reducción no inferior al 20 % de las emisiones de gases de efecto invernadero en el año 2020 con respecto a 1990. Insistió asimismo en la necesidad de incrementar la eficiencia energética en la UE y lograr un ahorro del 20 %.